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No me puedo resistir a compartir el viaje en bici que hice, en Julio de 2014, por el Danubio.Todo comenzó por un deseo irrefrenable de hacer un viaje en solitario, ver paisajes alucinantes y hacerlo en bici.

Estuve buscando destinos y todos me reconducían al mismo, el Danubio. El flechazo fue fulminante. ¿Cómo he podido vivir tanto tiempo sin saber de la existencia de esta ruta en bici?

Ya tenía clarísimo el destino.

Después de bichear todas las rutas que hay en bici por el Danubio, a lo largo de sus 2.888 kilómetros (por algo es el segundo rio mas largo de Europa) y ver muchas fotillos y comentarios de personas satisfechas, decidí empezar en Passau y terminar en Viena, unos 340km. Una semana mas o menos, en función de la distancia a recorrer cada día, por supuesto.

Passau

Passau

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Después de la experiencia, no terminaría el viaje en Viena, llegaría hasta Bratislava. Demasiados turistas en Viena para mi gusto y tipo de viaje.

Me saqué el billete de avión Málaga-Múnich-Viena-Málaga. De manera que disponía de siete días para llegar.

Con la inestimable ayuda de mi hermano y el traductor de google para el alemán, logramos alquilar una bicicleta para recoger a mi llegada a Passau. Tuvimos en cuenta que allí, casi todas las bicis tienen frenos en los pedales y yo tenía claro que quería frenos convencionales, en la empuñadura. El alquiler de bici no llegó a los 100€ la semana, mas un seguro de 30€ que me ingresaron al regreso.

Decidí ir muy ligera de equipaje, recordé el Camino de Santiago y lo bien que me fue con ese criterio. Es decir, lo que entre en una mochila de mano que no voy a facturar y que voy a tener que llevar cada día en la bici. Me lo planteé de lo imprescindible a lo accesorio y así configuré el equipaje que resultó todo un éxito. Por supuesto alguna cosa echas de menos, pero compensa el traslado diario nada pesado y muy llevadero.

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Viajé de madrugada y a las 8 de la mañana estaba en Munich.

Quizá fue el único momento mas estresante de todo el viaje, por el movimiento incesante de gente, el bullicio y el idioma, que allí, por lo que sea, se hizo mas evidente.

Decidí sentarme con calma a tomar un café para ir aclimatándome. Ese fue el principio de un extraordinario viaje que nunca olvidaré.

No conseguí comprar en Granada la guía que buscaba para la ruta en bici. Una que fuera acompañada de comentarios y recomendaciones de otros lugares para visitar, gastronomía etc. De manera que la compré en Munich y en alemán. No queráis saber. Os diría que me defendí con ella, pero mentiría como una bellaca. Me ayudó en cada etapa por la fidelidad de los nombres y su correspondencia con las indicaciones que me iba tropezando. Y las fotos me ayudaban a reconocer muchos lugares. Pero nada mas. El resto lo fui descubriendo por mí misma, que tampoco es mala opción.

Me relajé y disfruté mucho del traslado en tren de Munich a Passau y de sus paisajes. Me entró el regusto ese que se te pone en el estómago cuando estás haciendo algo que promete. Creo que son mariposas. Aún recuerdo la sensación y me alegra.Y a partir de ese momento, esa sensación me acompañó todo el viaje.

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Passau, que  hace frontera con Austria, es una auténtica maravilla. Todo un descubrimiento para mí. Me atrevería a decir que es mas austríaco que alemán. Es de esos lugares a los que merece la pena (y la alegría) ir a conocer.

Mi intención era recoger la bici y empezar la ruta en ese preciso momento, así lo tenía previsto. Por eso llegué tan temprano. Primero hice una rueda de reconocimiento para familiarizarme con la bici y conocer, someramente Passau. Me gustó tanto que decidí quedarme ese día, hacer noche y empezar la ruta a la la mañana siguiente. Y así lo hice.

Recuerdo sus rinconcitos y la primera toma de contacto con el Danubio, al que ya no perdí de vista en una semana. Fue mi fiel compañero de camino junto con la bici.

En Passau confluyen tres rios, Danubio, Inn e Ilz, por eso también se la conoce como la ciudad de los tres rios.

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Esa noche, y todas las demás, me acosté muy pronto y madrugué. Hice un buen desayuno, que reposé con calma y me entretuve enganchando la mochila a la bici con un pulpo elástico que me llevé de Granada. Ese fue uno de los mayores errores que cometí. De manera que cada día, invertía mucho tiempo en colocar la mochila para que quedara equilibrada. Lo suyo hubiera sido adaptar unas alforjas a la bici. Esa es mi recomendación al menos.

De hecho, uno de los días mas inquietantes que tuve, fue por la inestabilidad de la mochila en la bici. Realmente, casi todas las etapas son por caminos muy cómodos donde no transitan coches. Pero puntualmente viajas por carretera y aunque es cierto que los conductores son muy respetuosos con los ciclistas, hay algunos tramos en los que llevan una alta velocidad.  Cuando vas en bici lo notas una barbaridad, hasta el punto de desestabilizarte, mas aun si vas con una mochila enganchada en la bici con un pequeño pulpillo elástico.

Solo me asusté ese día y eso me ayudó a afinar mucho mas cada mañana adaptando, concienzudamente, la mochila a la bici como si fuera un apéndice de la misma, dejando libre algún bolsillo con lo imprescindible de cada día; monedero, pañuelos de papel, cacao y plátano o chocolatina. A partir de ahí, con una cuerda que me regalaron una pareja de italianos que conocí, me convertí en la reina de los equipajes atados, una MacGyver cualquiera. Por eso, si estáis pensando en hacer un viaje de este tipo, fundamental llevar bolsas ya adaptadas a la bici.

Ni que decir de los paisajes que pude disfrutrar a lo largo de todo el recorrido. Desde entonces, estoy enamorada de Austria y por supuesto, del Danubio.

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En Linz me ocurrió lo mismo que en Passau, paré a descansar a media mañana y allí que me quedé a disfrutar de la ciudad. Iba sobrada de kilómetros, porque la etapa anterior hice 94, así que me lo pude permitir.

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Me sorprendieron gratamente los lugareños, muy amables. En las ciudades grandes, ya es de otra manera, hay mas turistas. Cierto es que yo iba muy predispuesta a la sonrisa, la llevé puesta todo el viaje y eso lo hizo mas agradable y fácil. Siempre hay un lenguaje universal.

Este viaje fue pura improvisación, en el sentido de las etapas de cada día y alojamiento nocturno. En función del cansancio, de los lugares que me iba tropezando, paraba o continuaba. Fue genial porque me alojé en aquellos sitios que de verdad de seducían por el entorno, me refiero. Reconozco que al ir sola, muchos días me apetecía ver gente y movimiento. Y también en alguna ocasión, lugares mas tranquilos. Por eso digo, ¡viva la improvisación!

Visité todos los supermercados de los lugares en los que paraba a dormir. Se convirtió en un ritual. Su colorido, envases y marcas desconocidas para mí. Y alguna mala pasada me jugó el idioma. Nada serio, cosas como comprar pasta de dientes y descubrir al usarla, que es pegamento para dentaduras postizas, por poner un ejemplo. También me encantaba escuchar las conversaciones de sus gentes y en el supermercado, ¡era perfecto!

Y bueno, no dejaría de hablar de este viaje, de todo lo que aprendí y disfruté. Altamente recomendable, para hacerlo solo o muy bien acompañado.

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