Dibujo realizado por Juan Luis López

Dibujo realizado por Juan Luis López

Leocadia salía de casa bien temprano, pero nunca antes de encender la cocina con el carbón que compraban en la carbonería de la señora Cecilia, y dar de desayunar al personal.

Muchas mañanas, después de bajar los 111 escalones y salir de la corrala en la que vivían en la calle Segovia nº 27, había algún revuelo de gente y ya sabía que había vuelto a suceder. Y es que, era frecuente que muchas almas desgraciadas, usaran el Viaducto para aliviar su pena. Entonces ella, se cambiaba de acera y continuaba su labor. Subía por la Costanilla de San Andrés, atravesando la Plaza de la Paja. Su destino, el Mercado de la Cebada, donde hacía malabares con los pocos reales que tenía.

Otras veces, bajaba hacia los lavaderos de la Ronda de Segovia. Allí lavaba, concienzudamente, la ropa militar que su marido Máximo, Maxi para los amigos que no eran pocos, recogía en la intendencia de Capitanía para vender en el Rastro. A Leocadia no se le ocurriría meter esa ropa en casa.

Ella sonreía poco, casi no tenía tiempo y supongo que tampoco ganas.

Vivía por y para su familia, esa era la verdad. Creo que de alguna manera le marcó no haber conocido a sus padres, y saber que fue recogida de un orfanato, aun con el cordón umbilical. Nunca hablaba de ello, era uno de sus muchos temas tabú..