El Reloj

Su mundo se había parado, pero no el maldito reloj de la cocina. El no se paraba nunca, por nada ni por nadie. Y sentada en el taburete, le dieron las y pico mil. El tercer café de la mañana, tan amargo como los anteriores. Fantaseó con abrir el tercer cajón de la izquierda, coger el revolver y pegarse un tiro, y por un momento se sintió aliviada,incluso feliz. Hasta que recordó que nunca tuvo revolver, que seguramente no sabría usarlo y que la cocina, tan blanca, quedaría hecha un desastre.